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Dormir entre viñedos en una abadía con más de 800 años de historia

A menos de dos horas de Madrid, Abadía Retuerta ha transformado un monasterio del siglo XII en un destino donde conviven vino, alta gastronomía, bienestar y patrimonio.

Hay hoteles construidos para parecer históricos y otros que directamente forman parte de la historia. A orillas del Duero se encuentra un monasterio fundado en 1146 que, más de ocho siglos después, permite dormir entre viñedos, cenar en su antiguo refectorio y descubrir una tradición vinícola que comenzó con los propios monjes.

Se trata de Abadía Retuerta LeDomaine, en Sardón de Duero, Valladolid. Una finca de 700 hectáreas situada a menos de dos horas de Madrid que ha conseguido reunir en un mismo destino un hotel de cinco estrellas, una bodega con Denominación de Origen Protegida propia, alta gastronomía, naturaleza y bienestar.

Una historia que comienza en 1146

Para entender el lugar hay que retroceder hasta el siglo XII. El Monasterio de Santa María de Retuerta fue fundado en 1146 y estuvo vinculado a la Orden Premostratense. Su origen estuvo acompañado por una importante donación de tierras y viñas, como todavía atestiguan las inscripciones en piedra conservadas en la iglesia.

El cultivo de la vid quedó estrechamente ligado al monasterio. Los religiosos trabajaron estas tierras y fueron desarrollando la elaboración de vino hasta convertirla en una actividad importante en la zona. Documentos históricos muestran que, siglos después, los vinos de Retuerta llegaron a tener una presencia destacada en Valladolid.

El gran cambio llegó en el siglo XIX con la desamortización de Mendizábal y la posterior privatización de la propiedad. Con el paso del tiempo, el viñedo fue perdiendo terreno hasta que las últimas cepas terminaron arrancándose a comienzos de los años 80.

El renacimiento de los viñedos

La historia pudo haber terminado ahí. Sin embargo, en 1988 comenzó una nueva etapa para la finca con el objetivo de recuperar su tradición vinícola.

Las primeras nuevas plantaciones llegaron a comienzos de los años 90 y posteriormente se desarrolló la actual bodega. De esta forma, siglos después de que los monjes cultivaran estas tierras, la vid volvió a convertirse en una de las protagonistas del paisaje.

Actualmente, Abadía Retuerta cuenta con alrededor de 193 hectáreas de viñedo dentro de una propiedad de 700 hectáreas. La singularidad de sus terrenos terminó obteniendo además un reconocimiento excepcional: desde 2022, Abadía Retuerta cuenta con su propia Denominación de Origen Protegida.

De monasterio medieval a hotel de cinco estrellas

El siguiente gran paso fue recuperar el propio edificio histórico. Las obras de rehabilitación comenzaron en 2008 bajo la dirección del arquitecto italiano Marco Serra, con el objetivo de respetar las estructuras originales y el legado arquitectónico del monasterio.

En 2012 abrió sus puertas LeDomaine. En lugar de ocultar el pasado del edificio, el hotel lo convirtió en el centro de la experiencia: el claustro, la iglesia, la antigua sala capitular, el refectorio y la hospedería continúan definiendo los espacios.

El alojamiento dispone actualmente de 27 habitaciones dobles y tres suites, situadas en la antigua hospedería y abiertas visualmente al paisaje de viñedos que rodea la propiedad.

Más de una década después de su apertura, el hotel ha alcanzado la máxima categoría de la selección hotelera de la Guía Michelin: Tres Llaves Michelin.

Cenar donde lo hacían los monjes

La transformación de la abadía también ha llegado a su antiguo refectorio. El espacio donde siglos atrás comía la comunidad religiosa alberga hoy Refectorio, el restaurante gastronómico de Abadía Retuerta.

Bajo la dirección del chef Marc Segarra, su cocina parte del territorio, la temporalidad y el producto del entorno. El restaurante cuenta con una estrella Michelin, una estrella verde Michelin y dos Soles Repsol.

Parte de esa conexión con el lugar se encuentra en el denominado Huerto de los Monjes, un espacio ecológico cuyas frutas, verduras, hierbas aromáticas y flores abastecen las cocinas del hotel siguiendo una filosofía de producto de proximidad.

La propuesta gastronómica se completa con otros espacios como Vinoteca y Calicata, permitiendo que el vino y el producto local estén presentes en diferentes momentos de la estancia.

Un spa dentro de una finca histórica

En 2015 se incorporó otro de los grandes pilares del destino: Santuario Wellness & Spa. Su propuesta de bienestar permite completar una estancia que no gira únicamente alrededor del alojamiento.

El propio entorno juega aquí un papel fundamental. La finca se extiende entre viñedos y pinares junto al río Duero, permitiendo combinar tratamientos y momentos de descanso con recorridos por la naturaleza, visitas a la bodega y catas de vino.

El resultado se acerca más a la idea de un retiro que a la de un hotel convencional: una propiedad suficientemente extensa como para que buena parte de la experiencia pueda desarrollarse sin necesidad de abandonarla.

Más de ocho siglos después, el vino sigue allí

Quizá lo más singular de Abadía Retuerta no esté en ninguno de sus elementos por separado. España cuenta con grandes hoteles, bodegas históricas y restaurantes reconocidos internacionalmente. Aquí, sin embargo, todo parte del mismo lugar y de una historia que supera los ocho siglos.

Los monjes cultivaban viñedos en estas tierras en la Edad Media. Hoy es posible recorrerlos, descubrir los vinos de la finca, cenar en el antiguo refectorio y terminar la jornada durmiendo en la hospedería que formaba parte del mismo monasterio.

Más de 800 años separan ambos momentos, pero el paisaje que rodea la abadía continúa teniendo a la vid como una de sus grandes protagonistas.

Fuente e imágenes: Abadía Retuerta.