Hablar con Manuel Such es hablar de espacios, pero también de personas. Para él, el interiorismo nunca ha consistido únicamente en elegir materiales, colores o mobiliario. Detrás de cada proyecto hay una forma de vivir, una historia y una identidad que merece ser escuchada antes de empezar a diseñar.
Tras años desarrollando proyectos y construyendo una mirada propia, defiende un interiorismo que huye de las tendencias entendidas como recetas universales y apuesta por espacios capaces de emocionar. La luz, la proporción, la sensibilidad y el respeto por quienes habitan cada lugar son algunos de los pilares que definen su forma de entender el diseño.
En esta entrevista con ROOTWAY, Manuel Such reflexiona sobre creatividad, inteligencia artificial, viviendas del futuro, errores habituales al decorar una casa y por qué el verdadero lujo ya no consiste en impresionar, sino en crear espacios con identidad.
“El verdadero lujo no está tanto en impresionar como en emocionar.”
¿En qué momento se encuentra ahora mismo el mundo del interiorismo?
Creo que estamos en un momento muy interesante, precisamente porque el interiorismo está dejando de ser solo una cuestión estética. Venimos de años de imágenes perfectas, muy aspiracionales y muy producidas, y eso ha generado cierta fatiga visual. Hoy el verdadero lujo no está tanto en impresionar como en emocionar, en crear espacios con identidad y una relación coherente con quienes los habitan.


Al mismo tiempo, me interesa mucho el momento creativo que estamos viviendo. Las tendencias siguen existiendo, por supuesto, pero creo que ya no deberían ser un punto de llegada, sino una herramienta más. La tecnología, la inteligencia artificial, los nuevos materiales y los oficios tradicionales nos permiten explorar soluciones mucho más personales. Para mí, el reto está en unir innovación y sensibilidad: crear espacios contemporáneos, pero con profundidad, con atmósfera y con una mirada propia.
¿Qué has aprendido con los años que ninguna escuela puede enseñar?
Que un buen proyecto no empieza con una imagen, sino con una escucha real. Las escuelas y academias están muy bien: enseñan proporción, materiales, historia, representación o composición. Pero la experiencia te enseña a leer lo que no siempre se dice: cómo vive una persona, qué necesita, qué teme cambiar y qué parte de su vida quiere transformar.
En mi caso, ser autodidacta también ha sido importante. Te obliga a mirar de otra manera, a no depender tanto de patrones establecidos y a buscar tus propias respuestas. Cuando además trabajas con buenos oficios, con personas que entienden la materia, la escala y el detalle, todo se vuelve posible.
También he aprendido que el buen diseño no consiste en imponer una visión, sino en encontrar el equilibrio entre carácter, funcionalidad y emoción. Y eso solo lo dan el tiempo, los clientes, las obras, los errores y los espacios vividos.
“Un buen proyecto no empieza con una imagen, sino con una escucha real.”
¿Qué detalle marca realmente la diferencia en un espacio?
La luz. Siempre. Puedes tener buenos materiales, buenos muebles y una distribución correcta, pero si la luz no está bien pensada, el espacio no termina de funcionar. La luz construye atmósfera, jerarquía, intimidad y memoria.


Después, para mí, hay otro elemento fundamental: la proporción. La altura de una pieza, el tamaño de una mesa, la distancia entre dos elementos, las transiciones, el vacío. Muchas veces la diferencia no está en añadir, sino en saber ajustar. Un espacio puede cambiar por completo cuando todo encuentra su escala exacta.
¿Hay alguna tendencia que crees que está sobrevalorada?
No creo que haya tendencias buenas o malas. Todas pueden tener sentido y muchas vuelven, se reinterpretan o se reciclan. El problema aparece cuando se abusa de ellas o cuando se replican sin una mirada propia.


Esa ha sido una de mis grandes luchas personales y creativas durante muchos años, en etapas en las que no trabajaba en solitario. Siempre he tenido una ambición muy clara por lo original, por evitar la réplica fácil y por no diseñar únicamente desde lo que dicta una tendencia.
Como director creativo dentro de un estudio plural, esa libertad no siempre se consigue del todo. Ahora, trabajando desde una posición más individual, he recuperado esa libertad creativa, que para mí es esencial.
Un interior puede ser bonito, incluso impecable, pero si no hay una mirada propia, si no hay riesgo y si no hay una decisión personal detrás, le falta alma, pierde valor y honestidad.
Ahora tenemos herramientas extraordinarias para probar, corregir e innovar: inteligencia artificial, softwares de modelado, renderización y nuevos sistemas constructivos que no deberían limitarnos, sino invitarnos a explorar más.


“Un interior puede ser bonito, incluso impecable, pero si no hay una mirada propia, le falta alma.”
¿Qué tres consejos darías a alguien que quiere transformar su casa sin hacer una gran reforma?
El primero: revisar la luz. Cambiar una iluminación fría o plana por una luz más cálida, indirecta y bien situada puede transformar completamente una casa.
El segundo: editar. A veces no hace falta comprar más, sino quitar, ordenar y dejar respirar. El vacío también es diseño.
Y el tercero: invertir en textiles, arte y piezas con presencia. Una alfombra, unas cortinas bien elegidas o una pieza especial pueden cambiar la percepción de todo un espacio sin tocar un tabique.
¿Qué error se comete más al decorar una casa?
El error más habitual es pensar habitación por habitación y no como un conjunto. Una casa necesita una narrativa común: una relación entre materiales, colores, luz, escala y forma de vivir.
Otro error frecuente es comprar demasiado rápido. Muchas veces se empieza por el sofá, la mesa o la lámpara, cuando antes habría que pensar qué atmósfera queremos construir y cómo se va a usar realmente ese espacio.


Una casa no debería ser una suma de objetos bonitos, sino un lugar donde todo tenga sentido.
¿En qué merece la pena invertir cuando hablamos de diseño?
En aquello que no se ve a primera vista, pero se siente todos los días: una buena distribución, una buena iluminación, buenos materiales de base y una ejecución cuidada.
También merece la pena invertir en piezas que puedan acompañarte durante años. No necesariamente tienen que ser las más caras, pero sí las que tengan calidad, proporción y sentido dentro del espacio.
Y, sobre todo, merece la pena invertir en criterio. El buen diseño no es gastar más, sino gastar mejor.
“El buen diseño no es gastar más, sino gastar mejor.”
¿Cómo imaginas las viviendas dentro de diez años?
Creo que serán más flexibles, más sensoriales y más conscientes. La domótica tendrá un papel importante, pero me interesa cuando es invisible, cuando mejora la vida sin convertir la casa en un catálogo tecnológico.

Imagino viviendas menos rígidas, con estancias que puedan cambiar de uso, con materiales más naturales, mejor acústica, mejor luz y más atención al bienestar real. Casas capaces de adaptarse a distintas formas de vivir: trabajar, descansar, recibir, estar solo, compartir.
El Test ROOTWAY
Un restaurante al que siempre volverías.
Saddle, en Madrid. Me gusta esa idea de clásico contemporáneo: una cocina muy cuidada, una sala elegante y una atmósfera donde la comida, la luz, el servicio y la conversación importan por igual.
Un lugar del mundo que recomendarías visitar.
Lisboa. Tiene algo muy especial: decadencia, luz, escala humana y una relación preciosa entre arquitectura, memoria y paisaje.
Un libro que te haya marcado.
El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki. Es un libro breve, pero esencial para entender la belleza de lo sutil, de la penumbra, de lo imperfecto.
Una canción que nunca falta en tu playlist.
No tengo solo una. Vengo de una formación en conservatorio, así que la música clásica siempre está presente. Pero también escucho mucho indie y rock: Sufjan Stevens, Foo Fighters… Me interesa la música que construye atmósfera, igual que un espacio.
Un consejo para los lectores de ROOTWAY.
No decoréis vuestra casa para que les guste a otros. Hacedlo para vivir mejor, para reconoceros en ella y para que cada día tenga un poco más de belleza.


