Así es el queso favorito del rey Carlos III

La quesería artesanal Butlers Farmhouse Cheeses, famosa por sus quesos azules y de leche de oveja, ha conquistado incluso al rey británico, que reveló su forma favorita de comerlos.

Hay detalles aparentemente pequeños que dicen mucho sobre una persona. En el caso de Carlos III del Reino Unido, uno de ellos tiene que ver con la gastronomía. El monarca británico ha confesado recientemente su debilidad por los quesos de la quesería familiar Butlers Farmhouse Cheeses, una firma artesanal del condado de Lancashire que lleva décadas elaborando algunas de las variedades más reconocidas del Reino Unido.

La revelación llegó durante una visita oficial a la región, donde el rey conversó con los productores y comentó su forma favorita de disfrutar el queso: queso de oveja servido sobre una simple galleta tipo digestive, una combinación sencilla pero sorprendentemente elegante.

Una quesería artesanal con casi un siglo de historia

Butlers Farmhouse Cheeses es una empresa familiar fundada en 1932 en Lancashire. Hoy, cuatro generaciones después, continúa elaborando quesos de forma artesanal combinando recetas tradicionales con técnicas modernas de maduración.

Entre sus especialidades destacan variedades de quesos azules, blandos y curados, elaborados con leche de vaca, cabra u oveja. Algunos de ellos, como el popular Blacksticks Blue, se han convertido en auténticos referentes dentro del panorama quesero británico.

La marca también ha ganado numerosos premios gastronómicos internacionales y se ha consolidado como uno de los productores artesanales más reconocidos del país.

El toque gastronómico del rey

No es casual que este tipo de productos encajen con el estilo de vida del monarca. Carlos III del Reino Unido es conocido por su interés por la agricultura sostenible, los alimentos orgánicos y la producción local.

Por eso, su afinidad por un queso artesanal británico no sorprende: refleja una filosofía basada en la calidad, el origen y el respeto por el producto.

En un mundo gastronómico cada vez más sofisticado, la elección del rey demuestra algo interesante: a veces el verdadero lujo está en lo simple. Un buen queso, un buen productor… y una galleta crujiente.