El histórico Palacio de Liria, residencia y museo de la Casa de Alba, se ha transformado este invierno en uno de los escenarios culturales más fascinantes de Madrid con la exposición Noches y días, una muestra del artista madrileño José María Sicilia que redefine el diálogo entre arte contemporáneo y patrimonio histórico hasta el próximo 31 de mayo de 2026.
Una intervención artística única en espacios centenarios
Noches y días no es una exposición convencional: Sicilia ha concebido una serie de obras e instalaciones creadas especialmente para este proyecto que intervienen las estancias más emblemáticas del Palacio de Liria, como la biblioteca, el salón de baile o los salones de la emperatriz Eugenia de Montijo, integrándose con la arquitectura y la memoria del edificio sin alterar su patrimonio.
La muestra combina piezas recientes con trabajos de etapas anteriores del artista, ofreciendo una panorámica amplia de su trayectoria y estableciendo un diálogo conceptual y sensorial entre las narrativas del pasado y la visión contemporánea de Sicilia. Esta interacción se manifiesta en instalaciones site-specific que exploran la luz, el silencio y la fragilidad de las formas, así como la manera en que la historia y el arte se encuentran y se entrelazan en un espacio vivo.
Arte que habita el palacio
La intervención va más allá de una simple colocación de obras: Sicilia ha escuchado las “historias latentes” del edificio —lleno de objetos, estancias históricas y colecciones artísticas— y ha creado piezas que dialogan con ellas, proponiendo nuevas narrativas visuales. En este recorrido conceptual, cada pieza funciona como un relato dentro de un relato mayor, invitando al visitante a una experiencia sensorial y reflexiva en una colección que sigue la tradición de mecenazgo cultural de la Casa de Alba.
Artistas de renombre como Sicilia, cuya obra forma parte de importantes colecciones europeas e internacionales y cuya carrera abarca varias décadas de innovación y experimentación, son un referente del arte actual. Noches y días es una muestra de cómo el arte contemporáneo puede habitar espacios patrimoniales sin perder su fuerza expresiva ni su capacidad evocadora.





